Por Thiago Costa
ALEMANIA, EL GIGANTE QUE NUNCA DEJA DE VOLVER
"El fútbol es un deporte simple: juegan 11 contra 11 y al final siempre gana Alemania". La frase, pronunciada por el inglés Gary Lineker después de sufrir en carne propia la eficacia germana, trascendió generaciones y se convirtió en una de las definiciones más famosas de la historia del deporte. Aunque el tiempo demostró que Alemania no siempre gana, la realidad es que pocas selecciones justifican tanto esa idea como la cuatro veces campeona del mundo.

La reciente victoria alemana volvió a instalar una pregunta que aparece cada vez que la selección atraviesa un buen momento: ¿alguna vez dejó realmente de ser una potencia? Después de los fracasos en Rusia 2018 y Qatar 2022, donde fue eliminada en fase de grupos por primera vez en mundiales consecutivos, muchos hablaron del fin de una era. Sin embargo, la historia invita a la prudencia cada vez que alguien intenta descartar a Alemania.
Hablar de Alemania es hablar de una de las selecciones más exitosas de todos los tiempos. Ganó cuatro Copas del Mundo, en 1954, 1974, 1990 y 2014, una cifra que la ubica entre las máximas ganadoras de la historia. Además, disputó ocho finales mundialistas y se mantiene como uno de los equipos con mayor presencia en las instancias decisivas de los grandes torneos.
Pero los títulos explican solo una parte del fenómeno. Lo que distingue a Alemania de la mayoría de las selecciones es su constancia. Mientras otras potencias alternan ciclos brillantes con largos períodos de ausencia, los alemanes construyeron una tradición basada en competir siempre. Según los registros de FIFA, es la selección que más veces alcanzó las semifinales de una Copa del Mundo, con doce presencias en esa instancia.
El siglo XXI ofrece una muestra perfecta de esa regularidad. Fue subcampeona del mundo en 2002, terminó tercera en 2006 y 2010, conquistó el Mundial de Brasil 2014 y se mantuvo entre las principales candidatas durante gran parte de las últimas dos décadas. Incluso en los torneos donde no levantó el trofeo, casi siempre estuvo entre los protagonistas.
La coronación de 2014 representa quizás el punto más alto de su historia reciente. Aquel equipo dirigido por Joachim Löw combinó talento, disciplina y una generación extraordinaria encabezada por Manuel Neuer, Philipp Lahm, Thomas Müller y Toni Kroos. En semifinales protagonizó el inolvidable 7-1 frente a Brasil en Belo Horizonte y luego derrotó a Argentina en la final gracias al gol de Mario Götze en el tiempo suplementario.
Sin embargo, el fútbol también le mostró su costado más cruel. Cuatro años después del título, Alemania quedó eliminada en la fase de grupos de Rusia 2018. La caída ante México en el debut y la inesperada derrota frente a Corea del Sur sellaron una eliminación histórica. Lo que parecía un accidente se repitió en Qatar 2022, cuando nuevamente no logró superar la primera ronda.
Aquellos resultados despertaron dudas sobre el futuro de la selección. La salida de varias figuras históricas y la falta de resultados generaron cuestionamientos que parecían impensados años atrás. Por primera vez en mucho tiempo, Alemania dejó de ser considerada una candidata indiscutida al título mundial.
Pero existe una razón por la que el mundo del fútbol sigue observando con respeto cada paso alemán. La camiseta pesa. La historia pesa. Y la capacidad para reconstruirse también. A lo largo de décadas, Alemania atravesó cambios generacionales, crisis deportivas y transformaciones futbolísticas sin perder jamás su identidad competitiva. Desde Franz Beckenbauer hasta Miroslav Klose, pasando por Lothar Matthäus y Manuel Neuer, cada generación encontró la manera de mantener vigente a una de las selecciones más temidas del planeta.
El Mundial 2026 ya está en marcha y Alemania no tardó en enviar un mensaje al resto de los candidatos. En su debut en el Grupo E, el equipo de Julian Nagelsmann aplastó 7-1 a Curazao, una selección que disputa su primera Copa del Mundo. Es cierto que Curazao está lejos de ser una potencia. De hecho, se trata del país más pequeño en clasificar a una Copa del Mundo y debutó oficialmente en el torneo frente a uno de los gigantes de la historia. Sin embargo, el resultado volvió a dejar una sensación conocida en el fútbol internacional: cuando Alemania encuentra espacios, suele ser implacable. Incluso después del histórico primer gol mundialista de los caribeños, anotado por Livano Comenencia para el 1-1 parcial, los alemanes respondieron con una demostración de jerarquía y terminaron construyendo una goleada contundente.
Además, el nuevo formato del Mundial favorece a las selecciones de peso. Con 48 participantes y la clasificación de los ocho mejores terceros a los dieciseisavos de final, una potencia como Alemania tiene aún más margen para avanzar de ronda. Por eso, aunque Ecuador y Costa de Marfil aparecen como rivales mucho más exigentes dentro del Grupo E, el triunfo en el estreno la dejó en una posición inmejorable para regresar a las fases eliminatorias, algo que no consigue desde Rusia 2018.
Quizás por eso la frase de Gary Lineker sigue resistiendo el paso del tiempo. Alemania ya fue dada por terminada después de la Eurocopa 2000, tras la eliminación en Rusia 2018 y nuevamente luego del fracaso en Qatar 2022. Sin embargo, una y otra vez encontró la forma de reconstruirse. Todavía es demasiado pronto para saber si esta generación podrá levantar la quinta Copa del Mundo, pero siempre se vuelve a recordar una verdad que el fútbol aprendió hace décadas: se puede discutir el nivel, los nombres o el momento, pero nunca conviene descartar a Alemania.
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